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Varios factores explican el origen de la tulipomanía neerlandesa. Por una parte, el éxito de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales y la prosperidad comercial de los Países Bajos, y por otro, el gusto por las flores, en especial las exóticas, que se transformaron en objeto de ostentación y símbolo de riqueza.


A su vez, y por razones que en aquel tiempo se ignoraban, los tulipanes cultivados en los Países Bajos padecían alteraciones en su apariencia, naciendo de esta manera los tulipanes de diferentes colores, inigualables, lo que aumentaba su exotismo y por ende su costo. El día de hoy se sabe que la causa de ese fenómeno era un parásito de la flor, el pulgón, que transmite un virus a la planta conocido como Tulip Breaking Potyvirus.

Hables de l'Écluse, conocido como Carolus Clusius, introductor del tulipán en los Países Bajos.

El tulipán —procedente de la presente Turquía, entonces Imperio otomano, donde tenía connotaciones sagradas y adornaba los trajes de los sultanes— fue introducido en los Países Bajos en mil quinientos cincuenta y nueve. En verdad, la palabra «tulipán» procede del francésturban, deformación del turco otomanotülbent, viniendo este término del persadulband y significando todos turbante.


Aunque han sido halladas patentizas del empleo ornamental en el al-Ándalus del siglo XI que señalan una introducción en Europa más recóndita en el tiempo, la versión tradicional atribuye su difusión al embajador austriaco en Turquía, Ogier Ghislain de Busbecq, en el siglo XVI. Ogier era un floricultor entusiasta, y cuando retornó a Europa en mil quinientos cuarenta y cuatro trajo consigo ciertos bulbos a los Jardines Imperiales de Viena. Después, en mil quinientos noventa y tres, el señalado botánicoCarolus Clusius dejó su trabajo en los Jardines Imperiales para tomar un cargo de maestro de botánica en Leiden (Holanda), hasta donde llevó una compilación de bulbos de tulipanes que crearon un enorme interés y entusiasmo.


Clusius empezó a cultivar tulipanes de variedades exóticas: no obstante, receloso de su compilación, los sostenía guardados. Mas una noche alguien penetró en su jardín y birló sus bulbos. El suelo arenisco holandés, ganado al mar, resultó ser el ideal para el cultivo de la planta, y el tulipán se extendió por todo el territorio.


Para bastante gente los tulipanes pueden parecer inútiles, sin fragancia ni aplicación medicinal, floreciendo solo una o bien un par de semanas por año. Mas los jardineros holandeses apreciaban los tulipanes por su belleza, y muchos pintores lo preferían como motivo para sus cuadros.

Pasquín sobre la tulipomanía impreso en mil seiscientos treinta y siete.

A pesar de que se procuró supervisar el proceso por el que los tulipanes monocromos se transformaban en de varios colores, los hortelanos holandeses no fueron capaces, de forma que lo azaroso del exotismo contribuyó a elevar progresivamente el costo de cada bulbo. Las variedades más extrañas eran bautizadas con nombres de personajes ilustres y almirantes de prestigio. En la década de los años veinte del siglo XVII el coste del tulipán empezó a medrar a alta velocidad. Se preservan registros de ventas absurdas: suntuosas mansiones a cambio de un solo bulbo, o bien flores vendidas a cambio del sueldo de 15 años de un artesano bien pagado. En mil seiscientos veintitres un solo bulbo podía llegar a servir mil florines neerlandeses: una persona normal en Holanda tenía unos ingresos medios anuales de ciento cincuenta florines. A lo largo de la década de mil seiscientos treinta daba la sensación de que el costo de los bulbos medraba ilimitadamente y todo el país invirtió cuanto tenía en el comercio especulativo de tulipanes. Las ventajas llegaron al quinientos por ciento .


En mil seiscientos treinta y cinco se vendieron cuarenta bulbos por cien cero florines. A efectos de comparación, una tonelada de mantequilla costaba cien florines, y 8 cerdos doscientos cuarenta florines. Un bulbo de tulipán llegó a ser vendido por el costo equivalente a veinticuatro toneladas de trigo. El récord de venta lo batió el Semper Augustus: seis mil florines por un solo bulbo, en Haarlem.


En mil seiscientos treinta y seis se declaró una epidemia de peste bubónica que dezmó a la población neerlandesa. La carencia de mano de obra multiplicó todavía más los costos, y se produjo un irreprimible mercado alcista. Tal fue la fiebre, que se creó un mercado de futuros, desde bulbos todavía no recogidos. Ese fenómeno fue conocido como windhandel ('negocio de aire’), y se popularizó sobre todo en las tascas de las pequeñas urbes, pese a que un edicto estatal de mil seiscientos diez había prohibido el negocio por las contrariedades de ejecución establecido que producía. A pesar de la prohibición, los negocios de este género prosiguieron entre particulares. Los compradores se endeudaban y se hipotecaban para adquirir las flores, y llegó un instante en que ya no se intercambiaban bulbos sino se realizaba una genuina especulación financiera a través de notas de crédito. Se publicaron extensos y hermosos catálogos de ventas, y los tulipanes entraron en la bolsa de valores. Todas y cada una de las clases sociales, desde la alta burguesía hasta los artesanos, se vieron implicados en el fenómeno.


Charles Mackay cuenta una historia de la época:

Evolución del costo del tulipán en Holanda entre mil seiscientos treinta y seis (doce de noviembre) y mil seiscientos treinta y siete (1 de mayo).

El cinco de febrero de mil seiscientos treinta y siete, un lote de noventa y nueve tulipanes de gran extrañeza se vendió por noventa cero florines: fue la última gran venta de tulipanes. Al día después se puso en venta un lote de medio kilogramo por mil doscientos cincuenta florines sin encontrarse comprador. Entonces la burbuja reventó. Los costos empezaron a caer en picado y no hubo forma de recobrar la inversión: todo el planeta vendía y absolutamente nadie adquiría. Se habían comprometido enormes deudas para adquirir flores que ahora no valían nada. Las ruina se sucedieron y golpearon a todas y cada una de las clases sociales. La carencia de garantías de ese curioso mercado financiero, la imposibilidad de hacer en frente de los contratos y el pavor llevaron a la economía neerlandesa a la quiebra.


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