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Si atendemos a la etimología más aceptada de la palabra maravedí (pertinente a los almorávides) deberemos admitir la suposición de que ya antes de estos (mil ochenta y seis a mil ciento cuarenta y seis) no corrió en España moneda de ninguna clase con este nombre, mas como desee que en el Fuero de Melgar de Suso, de novecientos cincuenta, se habla de maravedises, y en el de Fernando I a los lugares dependientes del monasterio de Cardeña asimismo se leen en ciertas cláusulas como expresión de valor, y en otros documentos que se podrían alegar, como el Fuero de Sepúlveda, sin refererir más, pudiese por este motivo acontecer una antinomia que hizo suponer a especialistas, que tal etimología almorávide no es taxativa o bien que esta palabra tenía una significación más extensa entre los cristianos de aquel tiempo.


Se ha pretendido solucionar esta laguna histórica, en aparente disyuntiva, suponiendo que los textos primitivos de semejantes documentos están perturbados, puesto que los que han llegado a nosotros son copias siguientes, y que los costes o bien multas se consignaron transliterados a las monedas corrientes de cuando se hicieron estas copias, mas fuere como fuese, la verdad es:



  • El maravedí, ya fuera originalmente árabe o bien cristiano, corrió de forma indistinta entre los dos habitantes poseedores de reinos en la Península, vulgo llamado asimismo, en las distintas lenguas de los reinos peninsulares, como mitcales de oro, moravitines o bien alfonsíes.


  • Los judíos, contadores luego especialistas en el valor de las monedas, tomaban, por aquel tiempo, indiferentemente los unos o bien los otros, fuesen maravedís musulmanes o bien cristianos.

Los documentos son tan rebosantes que apenas hay fuero o bien escritura de los tiempos de Alfonso VIII hasta Fernando III el Santo, que no charlen de maravedises, como superior moneda corriente:


Los reyes intermedios, Fernando II y el inmediato Alfonso IX lo acuñaron del mismo modo, mas con tipo diferente, puesto que imprimieron en ellos sus bustos, y las leyendas con caracteres cristianos. Fernando III no los acuñó, valiéndose de los de reinados precedentes, hasta el momento en que llegaron los días de su hijo Alfonso X, en los que padeció esta moneda una crisis, que forma, una página singular de su historia.


Su padre, el rey Santo, acuñó tan solo una moneda divisionaria de vellón, que seguramente se venía utilizando desde ya antes en Castilla, llamada dinero de pepiones, de los que ciento ochenta hacían un maravedí.


Modificación del sistema ponderal romano


Alfonso X, el rey sabio, amante de la cultura, fue introductor de novedades y también inventó, entre otras muchas cosas, alterar el sistema ponderal que venía rigiendo en España desde el tiempo de los romanos, y que había sido reemplazado en el resto de Europa por otro de origen muy diferente.


El marco de Colonia, fue desde ese momento admitido como patrón para los pesos, al historiar la nueva Metrología designada por Alfonso X, encontramos disposiciones tan explícitas como la carta de Sevilla de catorce de abril de mil doscientos noventa y nueve, dada a León, en la que tratando de aunar en todos y cada uno de los reinos las pesas y medidas, decía:


Tal es el sistema ponderal que introducía el apelado rey, concluyendo con el viejo romano, en vigor hasta ese momento.


Sustitución del maravedí por la dobla de oro


Los maravedís castellanos y moros, de una sexta una parte de la onza vieja, debían su talla a un sistema ponderal diferente al que se introducía, con lo que era imposible compararlos con los divisores del marco de Colonia cuyo peso era de tres con ocho a tres con ochenta y cinco gramos.


Tenía puesto que que desaparecer el maravedí y ser reemplazado por otra áurea moneda, que fuera divisora del nuevo tipo ponderal, entonces y por tal razón, apareció la dobla, moneda algo equivalente, si bien superior al maravedí, que desde el instante de su aparición representaba la cincuentava una parte del marco de Colonia, cuyo peso medio era de cuatro con cincuenta gramos, 0,65 más que el maravedí.


La dobla quedó desde ese momento como el género de la moneda superior de aquel tiempo pesando la cincuentava una parte del marco, venía a representar el papel del maravedí, al que reemplazaba, lo que ya antes se había contratado por maravedises, desde ese momento debía valorarse por doblas, mas no por esto se suprimía el sistema de los maravedís, todavía se proseguía contando por ellos.


Sustitución del maravedí por moneda de plata


Hasta entonces los reyes de Castilla habían acuñado solo el vellón, y para finalizar el oro, todavía no existía la moneda de plata castellana, como se ha dicho, Alfonso X fue quien designó, al principio de su reinado, acuñar moneda nueva en oro y plata en razón al marco de Colonia.


Al introducirse la plata había que darle algún nombre a las piezas que de ella se acuñasen, y como en oro se había estrenado la dobla, por las nuevas monedas de plata se pretendía seguir el sistema de los maravedises, se estimó oportuno acuñar unas piezas de plata de módulo aproximado a aquellos y de talla tal, que dada la relación que se establecía entre los dos metales ricos, «seis de plata valiesen tanto como uno de oro», y por esto se les llamaron maravedís blancos o bien burgaleses.


Así se venía a seguir por la plata el sistema viejo del oro, bajo el que existían tantos contratos, y de esta manera, si en el oro se introducía un nuevo sistema, en la plata se consentía con el pasado, que por tal medio se seguía. En esto estaría, además de esto, la razón de las equivalencias del maravedí de oro con el de plata.


La acuñación de moneda en Castilla empezó a lo largo del reinado de Alfonso VI, tras la conquista de Toledo (mil ochenta y cinco), siendo su primer numerario el dinero y el donativo de vellón, a similitud de otros reinos españoles. Alfonso VIII de Castilla comenzó a labrar el oro cara el año mil ciento setenta y dos, y poco después lo hizo Fernando II de León en piezas llamadas maravedís o bien morabetís, con un peso aproximado de tres con ocho gramos cada una.


A fines del siglo XII y principios del XIII, el nombre maravedí significaba «moneda almorávide», siendo por entonces las de Castilla arábicas y políglotas, o sea, tenían forma arábica con fondo y significación cristiana en las leyendas árabes.Llevaban una pequeña cruz y el nombre del rey Alfonso en latín, y estaban fechadas por los años de la Era Hispánica, de mil doscientos catorce a mil doscientos cincuenta y cinco. Se utilizaron para facilitar el comercio con los musulmanes en los dominios de Castilla.


Después de Alfonso X los maravedís fueron sustituidos por las doblas, de a 51 marco, subdividiéndose poco después en otras piezas del mismo género, hasta el valor de cincuenta doblas, a lo largo del reinado de Enrique IV. Estas monedas, algo disminuidas, recibieron entonces el nombre de enriques en tiempo de Enrique IV y de geniales bajo los Reyes Católicos. Para unos y otros se aceptaron sus múltiplos y sus mitades.


Alfonso X el Sabio acuñó monedas castellanas de plata fina, el grueso maravedí de plata o bien burgalés equivalente a la sexta una parte del derogado maravedí de oro. El burgalés se convirtió entonces en el maravedí novén, que era su cuarta parte, y a lo largo de los reinados de Alfonso XI y Pedro I se acuñó el real de plata, que calidad una doceava una parte de la dobla de oro y el triple del maravedí novén (solo el doble de este en tiempo de Alfonso XI), subdividiéndose entonces en medios y cuartos de real.


Uso como moneda de cuenta


En las décadas centrales del siglo XIV se abandonó el empleo del maravedí como moneda con existencia física. No obstante, se siguió empleando el maravedí como moneda de cuenta, para hacer las conversiones entre las distintas monedas en empleo. Ciertas de estas tenían valores superiores al maravedí, al tiempo que otras, como la blanca, serían equivalentes a fracciones de maravedí. De esta forma se habla de tendencia a la depreciación del maravedí a lo largo del periodo mil cuatrocientos veintinueve-mil cuatrocientos cincuenta y uno, seguido de un periodo de estabilidad que llegaría hasta mil cuatrocientos sesenta, y devaluándose nuevamente hasta llegar cara mil cuatrocientos ochenta.[2]?


Tras la Primera Guerra Civil Castellana, a fines del siglo XIV, se hicieron fuertes devaluaciones para poder abonar la guerra. Al estar el maravedí relacionado con el valor de las monedas desvalorizadas, se creó un nuevo maravedí, cuyo valor era la mitad del viejo maravedí.[3]?


Uso como moneda de la Edad Moderna


Moneda de cobre de curso legal en España que, con consecutivas acuñaciones, estuvo actual desde los Reyes Católicos hasta la primera reforma en el sistema monetario de Isabel II (mil cuatrocientos setenta y cuatro-mil ochocientos cincuenta y cuatro).


En mil ochocientos cincuenta y cuatro, bajo el reinado de Isabel II, el maravedí comenzó a reemplazarse por el "céntimo de real". Se procuraba facilitar y dejar atrás la vieja y compleja contabilidad en maravedíes, más propios del medievo que del siglo XIX, Para esto se estableció que un maravedí valiese tres céntimos de real y que diecisiete maravedís fuesen equivalentes a cincuenta céntimos de escudo (en lugar de cincuenta y uno). Todo para lograr un nuevo sistema monetario de base decimal considerablemente más moderno y simple de emplear.


Las emisiones de céntimos de real se sostuvieron hasta mil ochocientos sesenta y cuatro, desde esa data, las monedas de cobre que se comenzaron a acuñar, pasaron a llamarse "céntimo de escudo" (asimismo llamado "décima" por ser equivalente a la décima de real).


Las monedas españolas contemporáneas al maravedí de cobre fueron el "real" de plata y el "escudo" de oro. La más conocida de las monedas de más valor con las que cohabitó el maravedí fue la moneda de 8 reales: el “real de a 8”, que merced al extenso empleo que tuvo a fines del siglo XVIII en Europa, toda América y el extremo oriente, se transformó en la primera divisa de empleo mundial. Fue la primera moneda de curso legal en los U.S.A. hasta el momento en que una ley de mil ochocientos cincuenta y siete desautorizó su empleo. Muchas de las monedas actuales, como el dólar canadiense, el dólar estadounidense o bien el yuan chino, están basadas en los pesos y medidas del "real de a ocho".


Un cambio común desde 1497; puesto que es variable durante toda la temporada moderna, es el siguiente: Cada treinta y cuatro maravedís era un real y por su parte dieciseis reales de plata eran 1 escudo de oro; con lo que doscientos setenta y dos maravedís eran un "real de a ocho" y quinientos cuarenta y cuatro maravedíes eran un escudo. El término “doblón” hace referencia a la moneda de doble escudo (dos escudos de oro) y serían mil ochenta y ocho maravedíes.


El escudo, desde mil quinientos treinta y cinco cotizó a trescientos cincuenta maravedís. Su valoración cambia durante la temporada moderna, fluctuando entre los cuatrocientos maravedís de mil quinientos sesenta y seis y los cuatrocientos cuarenta de mil seiscientos nueve. El real tampoco estuvo exento de cambios en su paridad; cotizó en mil seiscientos cuarenta y dos a cuarenta y cinco maravedís y a sesenta y cuatro maravedís desde mil seiscientos ochenta y seis.


En el reinado de los Reyes Católicos, las monedas de oro tuvieron otros nombres, como ducados, geniales o bien dobles geniales, y existieron otras monedas de cobre aparte del maravedí, La “blanca” (que era una moneda de medio maravedí), el “dinero”,… Siendo estas monedas pequeñísimas han trascendido hasta nuestros días las alocuciones “estar sin blanca” y “no tener dinero” como expresiones para señalar la falta de metálico.


Los valores más frecuentes fueron monedas “de a uno”, “de a dos”, “de a cuatro”, “de a ocho” y de dieciséis maravedís. Fueron acuñadas en diferentes cecas a lo largo de los reinados de Isabel y Fernando, Juana y Carlos, Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Carlos II, Felipe V, Luis I (dada la brevedad de su reinado no llegó a acuñar maravedís, si bien sí Treseta, Dobler, Real y Escudo), Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, José Napoleón, Fernando VII y también Isabel II.


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