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wikiPortada del libro Anklage und Widerlegung de Hans Draeger, símbolo de la discusión en torno de la Kriegsschuldfrage en la Alemania de la República de Weimar.

La Kriegsschuldfrage (literalmente "cuestión sobre la responsabilidad en la guerra") designa el discute público que se desarrolló en Alemania con la intención de establecer la una parte de responsabilidad alemana en la Primera Guerra Mundial. El discute tuvo lugar en su mayoría a lo largo de la República de Weimar y se articuló en múltiples fases determinadas en buena medida por la influencia del Tratado de Versalles (mil novecientos diecinueve) y la actitud de los campeones. Este discute asimismo se realizó en otros países implicados en el enfrentamiento, como Francia y el R. Unido.


El discute en torno a la Kriegsschuldfrage no solo movilizó a historiadores como Hans Delbrück, Wolfgang J. Mommsen, Gerhard Hirschfeld o bien Fritz Fischer, sino más bien a un círculo más bien grande que entendía a múltiples intelectuales como Kurt Tucholsky o bien Siegfried Jacobsohn, como la opinión pública. La historia de la República de Weimar estuvo empapada en una parte por la 'Kriegsschuldfrage: fundada poco tiempo ya antes de la firma del Tratado de Versalles, la república encarnó hasta su desaparición este discute que va a ser retomado como razonamiento de campaña por los nacional-socialistas.


Si la Kriegsschuldfrage ha tolerado investigar los orígenes profundos de la Primera Guerra Mundial —no sin provocar múltiples polémicas—, asimismo ha hecho posible aclarar otros aspectos del enfrentamiento como, por servirnos de un ejemplo, el rol de las masas o bien la cuestión del sonderweg (una polémica teorética que mantenía que los alemanes habían seguido un curso único de la aristocracia a la democracia, diferente de otros países europeos). Este discute que frenó múltiples años el progreso político alemán mostró del mismo modo que políticos como Gustav Stresemann pudieron confrontar el inconveniente de la responsabilidad a través de la reflexión general sin consentir sobre los intereses alemanes. Si bien desde mil novecientos cuarenta y cinco tuvieron sitio múltiples debates similares, el término concierne más particularmente al primer enfrentamiento mundial.


Propaganda de guerra

Mapa que presenta el Plan Schlieffen.

En términos del derecho internacional de la temporada, la guerra de agresión era un procedimiento legal, mas éticamente condenado. Los gobiernos implicados se lanzaban a lo largo de la guerra a la publicación de documentos diplomáticos esmeradamente elegidos para probar que habían tratado de calmar el enfrentamiento y que fueron los oponentes quienes lo desencadenaron. La invasión de Bélgica fue para la Triple Entente el signo de que Alemania era el atacante, al paso que para el gobierno alemán la movilización rusa fue el prólogo de una invasión. La declaración de guerra habría eludido el cerco. La Oberste Heeresleitung (Comando supremo del ejército alemán) justificó de este modo la aplicación del Plan Schlieffen y su voluntad de lograr de manera rápida una paz victoriosa. El cuatro de agosto de mil novecientos catorce, Theobald von Bethmann-Hollweg justificó la violación de la neutralidad belga frente al Reichstag:


Solo ciertos políticos reconocían parte de la culpa en la guerra. El primer ministro húngaro István Tisza había rechazado el ultimátum del Imperio austrohúngaro del veintiseis de julio de mil novecientos catorce, debido al peligro de una guerra. En el otoño de mil novecientos catorce, sindicó la responsabilidad de la escalada del enfrentamiento al Ministro de Temas Exteriores austro-húngaros Leopold Berchtold y sobre el gobierno alemán.


Justificar haber sido agredidos se transformó en una necesidad de política interior. Los social-demócratas en Francia y Alemania se habían manifestado en masa aun a fin de julio de mil novecientos catorce. En G. Bretaña, la tendencia cara la guerra era enclenque. Alemania estaba dividida entre las masas urbanas encantadas y una población rural incrédula y también indiferente. Todos eran conscientes que, para implicar a la población en la guerra, debía ponerse por delante la inocencia de su país y los libros diplomáticos contribuyeron a ello.


Apoyar la guerra


Casi todos y cada uno de los historiadores del Reich alemán —entre los que, se halla Georg von Below, Otto Hintze, Erich Marcks, Friedrich Meinecke, Hermann Oncken— apoyaron al régimen en la guerra al representar a la historia nacional de forma nacionalista. Un sinnúmero de artistas y escritores, como Ludwig Fulda apoyaban la publicidad que se dirigía a probar la inocencia en la guerra. El Manifiesto de los noventa y tres de octubre de mil novecientos catorce, firmado por pensadores, artistas, médicos y profesores con renombre internacional, tuvo gran influencia en el extranjero.


Debido al movimiento de la Unión Sagrada y al voto de confianza del cuatro de agosto de mil novecientos catorce que dejaron la movilización total del ejército del Reich, la cuestión de la responsabilidad no fue abordad dentro del SPD más que por ciertos socialistas revolucionarios. Como la mayoría de alemanes, se pensaba que Rusia desencadenó la guerra y forzó a Alemania a entrar a una guerra protectora. Es sobre esta base que el Partido social-demócrata mayoritario de Alemania (Mehrheitssozialdemokratische Partei Deutschlands o bien MSPD), el Partido progresistas alemán (Fortschritsspartei) liberal y el Zentrum católico aprobaron una resolución de paz el diecinueve de julio de mil novecientos diecisiete en el Reichstag para forzar al OHL (Oberste Heeresleitung) a abandonar a la guerra submarina a todo trance, mas al unísono llevar a los aliados a poner punto y final al bloqueo marítimo y conseguir garantías de derecho internacional para conservar la integridad alemana. En esta resolución, los miembros del Congreso de los Diputados hicieron un llamado a la reconciliación y previeron, entre otras muchas, la creación de organismos jurídicos internacionales; no obstante, aseveraron del mismo modo que Alemania proseguiría el combate en la medida en que y sus aliados sean "invadidos y violados". Sin las garantías del derecho internacional, la guerra debía seguir: "en su unidad, el pueblo alemán es insuperable".


Los socialistas

Rosa Luxemburgo.

Algunos socialistas revolucionarios del SPD opuestos a la guerra se reunieron el cinco de agosto de mil novecientos catorce en el Conjunto Internacional. La creadora de este movimiento, Rosa Luxemburgo, acusó al SPD en un folleto publicado en el mes de junio de 1916 de tener un parte esencial de responsabilidad en la guerra mundial. El partido de las clases obreras habría debido reconocer a tiempo las señales de la guerra que se anunciaban y darlos a conocer.


A partir de mil novecientos quince, otros miembros del SPD retiraron su apoyo a la guerra. A través de una investigación de los documentos manadas de los Estados implicados en la guerra, Kurt Eisner llegó a la conclusión que el Reich tuvo un rol determinante en el estallido del enfrentamiento. En mil novecientos diecisiete, la memoria del diplomático Karl Max Fürst von Lichnowsky confirma sus creencias como la declaración del directivo de las compañías Krupp Johann Wilhelm Muelhon que había renunciado debido a la responsabilidad alemana.


El USPD fundado en mil novecientos diecisiete demandó el fin de la guerra y rechazó la resolución de paz del Reichstag. La Liga Espartaquista hizo un llamado en el mes de diciembre de mil novecientos diecisiete a huelgas masivas en todo el territorio para poner punto y final a las matanzas. El gobierno alemán habría desencadenado la guerra, misma consecuencia del imperialismo europeo que solo una revolución social podía echar abajo. Una paz parcial con Rusia no haría más que alargar la guerra y permitir una nueva ofensiva en el oeste. El programa del partido marxista del catorce de diciembre de mil novecientos dieciocho proclamó:


La Liga demandaba profundos cambios en la sociedad, como la expropiación de los bancos y de las industrias pesadas y la democratización del ejército.


Los pacifistas


La Deutsche Friedensgesellschaft fundada en mil ochocientos noventa y dos había reivindicado tratados internacionales para regular los armamentos. Hizo un llamado a los gobiernos en guerra a hacer negociaciones y a abandonar a las conquistas y a las colonias sin dudar el derecho a la autodefensa ni reividnicar la objeción de conciencia ni el derrocamiento de las elites militares; no obstante, su creador, Richard Grelling, se mostró persuadido de la responsabilidad alemana en su escrito J'accuse de mil novecientos quince.


A partir de mil novecientos catorce, la Bund Neues Vaterland emprendió una campaña contra los partidarios de la anexión reunidos al interior del Alldeutscher Verband a fin de conseguir la paz y tratados internacionales. Fue prohibida en mil novecientos dieciseis.


El irenista radical y antimilitarista Fritz Küster designó al gobierno alemán como culpable desde la ocupación de Bélgica. Rebatirá la tesis de la invasión y no aprobó los fondos de guerra. Para él, el renacimiento alemán debía pasar por el reconocimiento de la responsabilidad y el castigo de los culpables. Es por esta razón que militó en pro de una "auténtica revolución de la conciencia" y por una rotura del espíritu guerrero para establecer la paz.


Hugo Ball escribió un artículo titulado "El auténtico semblante" (Das wahre Gesicht) consagrado a la Kiregsschuldfrage en mil novecientos quince en Zúrich. en mil novecientos dieciocho, se transformó en articulista del Freie Zeitung suizo fundado por el diplomático alemán Hans Schlieben, en el que se pronunciaron muchos contrincantes de la guerra: Ernst Bloch, Carl von Ossietzky, Franz Werfel y Else Lasker-Schüler. Las autoridades alemanas financiaron desde agosto de mil novecientos diecisiete el diario Das Freie Wort.


Los irenistas saludaron el programa de los 14 puntos del Presidente Wilson del presidente de Norteamérica Woodrow Wilson del dieciocho de enero de mil novecientos dieciocho que aseveraba el derecho de los pueblos a contar con de ellos mismos sin abordar la cuestión de la responsabilidad alemana. No fue hasta tras la propuesta de armisticio del gobierno alemán del tres de octubre de mil novecientos dieciocho que Wilson demandará la abdicación del emperador Guillermo II como condición anterior para toda negociación.


La Revolución de noviembre

Friedrich Ebert, primer canciller tras la abdicación de Guillermo II.

Los consejos de obreros y de soldados formados con motivo de la Revolución de Noviembre echaron la culpa de la guerra en las elites y desearon su expulsión total. La condena de determinadas personas fue de la mano con la abolición de la monarquía. Los oficiales fueron, en su mayoría, depuestos y desarmados, si bien no fueron detenidos ni asesinados. Solo el Consejo central de la Marina formado el nueve de noviembre de mil novecientos dieciocho en Kiel y el Consejo de obreros y de soldados de Múnich formado el doce de diciembre del mismo años demandaron un tribunal civil para investigar sobre los responsables de la guerra y condenarlos. Estuvieron comprendidos no únicamente la Oberste Heeresleitung, sino más bien asimismo los jueces marciales que condenaron a muerte a soldados y desertores.


El veinticinco de noviembre de mil novecientos dieciocho, Kurt Eisner últimamente escogido Ministerpräsident de Baviera hizo aparecer en la prensa extractos de documentos secretos de la embajada bávara en Berlín para probar la responsabilidad alemana. De esta manera, aguardaba poner punto y final al aislamiento alemán en la escena internacional, persuadir a los aliados de que Alemania había alterado de semblante y conseguir mejores condiciones de paz para Baviera. Eisner deseaba del mismo modo probar al pueblo que había sido engañado sobre los auténticos motivos de la guerra por la parte del Reich y los militares y que solo el relevo de las elites militares y administrativas podía permitir una democratización durable.


El gobierno temporal encabezado por Friedrich Ebert, como la mayor parte de los miembros de la República de consejos de Baviera, rechazó la iniciativa de Eisner. Para muchos medios de derecha y militares bávaros y prusianos, Eisner era un traidor. En el congreso internacional de los socialistas de Berna (del tres al diez de febrero de mil novecientos diecinueve), demandó de nuevo el reconocimiento de la responsabilidad alemana y planteó reconstruir los territorios extranjeros destruidos por la guerra. Al paso que el KPD y el USPD saludaron esta proposición, el Ministerio de Temas Exteriores, el SPD y los medios burgueses conservadores recriminaron a Eisner por traicionar los intereses alemanes por su ingenuidad política y de dar una razón a los aliados a fin de que sigan su política de revancha. Los aliados no se interesaron en Eisner, quien fue asesinado el veintiuno de febrero de mil novecientos diecinueve por un nacionalista. No fue hasta los años mil novecientos sesenta que ciertos historiadores reconocieron este ademán apartado como una opción alternativa a la política del gobierno de la temporada y como un aporte al acercamiento de los pueblos.


El Tratado de Versalles

Artículo principal: Tratado de Versalles (mil novecientos diecinueve)

Balance y cláusulas del tratado

Firma del Tratado de Versalles en la Galería de los Espéculos en mil novecientos diecinueve.

Las 4 grandes potencias representadas por Wilson (USA), Georges Clemenceau (Francia), David Lloyd George (R. Unido) y Vittorio Emanuele Orlando (Italia) se reunieron a fin de preparar el tratado de paz. En vez de continuar leal al Programa de catorce puntos de Wilson, se aprecia de forma rápida que es la visión europea la que prima. Las resoluciones son tomadas sin Alemania quien es excluida de los debates. Francia que sirvió como primordial campo de batalla deseaba asegurarse por mediación de Clemenceau una paz de revancha: "Ha llegado el momento del duro ajuste de cuentas". El Tratado de Versalles fue ante un "tratado de miedo: cada viejo contrincante procuró resguardar su país. Los aliados se condujeron desde ese momento como oponentes cuando presentaron las condiciones de paz a la delegación alemán por último convidada el siete de mayo de mil novecientos diecinueve. El plazo de la ratificación fue de 15 días, alén de eso, las operaciones militares podrían reiniciarse.


Uno de los medios de conseguir seguridad pasó por los aliados por el debilitamiento de Alemania que sacaba una gran parte de su fuerza de su economía y de su territorio. El tratado contaba con numerosas cláusulas territoriales y económicas. Aparte de abandonar a una séptima una parte de su territorio, Alemania perdió un décimo de su población, lo que va a tener repercusiones sobre su disponibilidad de mano de obra. La pérdida de múltiples unas partes del territorio, como Silesia, conllevó una mengua de setenta y cinco por ciento de su producción de hierro y una cuarta parte de la de lignito, cuya falta van a hacer más bastante difícil la reconversión y el relanzamiento de su economía.


Según el artículo doscientos treinta y uno, Alemania fue acusada de ser "responsable, por haberles ocasionado, todas y cada una de las pérdidas y todos y cada uno de los daños sufridos por los gobiernos aliados y asociados y sus connacionales, a consecuencia de la guerra que les había sido impuesta por la agresión de Alemania y de sus aliados. La responsabilidad de la guerra correspondía a Alemania, con lo que esta debía abonar reparaciones de guerra. El Sarre fue entregado a Francia que se concedía el derecho exclusivo de explotación de las minas de lignito, como lo mienta el artículo cuarenta y ocho. Alemania debía del mismo modo dar las locomotoras, navíos comerciales, trescientos sesenta millones de toneladas de carbon y furgones. Desde mil novecientos veintiuno, se fijó una suma de ciento treinta y dos millardos de marcos de oro como reparación. De esta manera, Alemania fue con fuerza sancionada territorial y a nivel económico. Los aliados la privaron aun de parte de su soberanía al reducir a su ejército a cien hombres y al prohibir el servicio militar obligatorio. La influencia de estas cláusulas fue enorme. El tratado parecía más una venganza que un tratado de paz.


Recepción del tratado en Alemania


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