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La primordial causa de hiperinflación es un incremento veloz y masivo de la cantidad de dinero que no se halla apoyado por desarrollo en la producción de recursos y servicios. Esto resulta en un desequilibrio entre la oferta y demanda de dinero (incluyendo moneda y depósitos bancarios), acompañado por una completa pérdida de confianza en el dinero, afín a situaciones en las que los clientes del servicio de un banco retiran su dinero simultáneamente. La aprobación de leyes de moneda de curso legal y controles de costos para eludir la pérdida de valor del papel moneda relativo al oro, plata, moneda o bien mercaderías, fracasa en forzar la aceptación de un papel moneda que no tiene valor intrínseco. Si la entidad responsable de imprimir moneda fomenta la imprenta excesiva de dinero, con otros factores contribuyendo un efecto reforzatorio, la hiperinflación en general sigue. Frecuentemente la entidad responsable de imprimir moneda no puede físicamente imprimir papel moneda más veloz que la velocidad a la que se está desvalorizando, de esta manera anulando sus intentos de alentar la economía.


La hiperinflación se halla normalmente asociada con el papel moneda por el hecho de que los medios para acrecentar el suministro de papel moneda es el más simple: incorporar más ceros a las placas y también imprimir, o bien aun estampar viejos billetes con nuevos números. Ha habido abundantes capítulos de hiperinflación, seguidos de un regreso a la «moneda dura». Ciertas economías anteriormente revertían a moneda dura y al cambie cuando el medio en circulación se desvalorizaba en demasía, en general tras una retirada precipitada del depósito del valor.


La hiperinflación ciertamente suprime el poder adquisitivo de ahorros públicos y privados, distorsiona la economía a favor de un consumo extremo y la acumulación de recursos reales, causa la fuga del país de la base monetaria, y hace del área perjudicada anatema para la inversión. La hiperinflación se trata con antídotos radicales, tanto imponiendo una terapia de choque de reducción del gasto público como alterando la base de la moneda. Un caso de lo último es poner la nación en cuestión bajo un consejo monetario como el de Bosnia-Herzegovina en dos mil cinco, el que deja al banco central imprimir solo la cantidad de dinero que tiene en reservas de moneda extranjera. Otro ejemplo es la dolarización de Ecuador, oficialmente iniciada en el mes de septiembre de dos mil, como contestación a la pérdida de un masivo setenta y cinco por ciento de valor del sucre a inicios de enero de ese año. La dolarización es el empleo de una moneda extranjera (no necesariamente el dólar estadounidense) como unidad monetaria nacional.


Otra forma de combatir o bien poder lidiar en una economía con altos grados de inflación, es cotizar en una moneda extranjera normalmente estable, sin emplearla. Por poner un ejemplo, un vendedor de autos ecuatoriano cotiza en dólares estadounidenses estadounidenses, si bien le paguen con sucres, en tanto que se atenderá al género de cambio actual y de esta forma evita estar negociando nuevos costes, a este procedimiento se le llama indexación, dado a que las monedas extranjeras asimismo se ajustan a la inflación local.


Las consecuencias de la hiperinflación son del mismo modo complejas. Como la hiperinflación siempre y en todo momento ha sido una experiencia traumática para el área que la padece, el próximo régimen prácticamente siempre y en toda circunstancia instituye políticas para eludir su reaparición. De forma frecuente esto implica hacer que el banco central sea muy beligerante en sostener la estabilidad de costes como es el caso del Bundesbank alemán, o bien moverse cara alguna base monetaria dura tal y como un consejo monetario. Muchos gobiernos han aprobado controles exageradamente rigurosos de costes y sueldos como consecuencia de la hiperinflación, lo que es de hecho un forma forzada de ahorro.


Al ser la hiperinflación perceptible como un efecto monetario, los modelos de hiperinflación se centran en la demanda de dinero. Los economistas ven tanto un veloz incremento en el suministro de dinero como un incremento en la velocidad de intercambio del dinero si la inflación no se para. Cualquiera de estas 2, o bien las dos, son las causas últimas de inflación y también hiperinflación. Un incremento trágico en la velocidad de intercambio del dinero como la causa de hiperinflación es central al modelo de hiperinflación de «crisis de confianza», donde la prima de peligro que los vendedores demandan por el papel moneda sobre el valor nominal aumenta velozmente. La segunda teoría es que hay un incremento radical en la cantidad de medio de cambio en circulación, que puede ser llamado el «modelo monetario» de hiperinflación. En los 2 modelos, el segundo efecto se deriva del primero: poca confianza que fuerza un incremento en el suministro de dinero, o bien demasiado dinero que destroza la confianza.


En el modelo de crisis de confianza, un acontecimiento, o bien serie de acontecimientos, tal y como una derrota militar o bien un pavor sobre las existencias de la materia que respalda una moneda, suprime la creencia de que la autoridad transmisora de dinero, tanto un banco como un estado, se sostendrá solvente. La gente prefiere gastar a preservar billetes que pueden perder su valor. Los vendedores, dándose cuenta de que hay un peligro mayor sobre la moneda, demandan una prima cada vez mayor sobre el valor original. Conforme con este modelo, la manera de terminar con la hiperinflación es mudar el respaldo de la moneda, a menudo emitiendo una absolutamente nueva. La guerra es una causa común habitualmente citada de crisis de confianza, particularmente una derrota militar, como ocurrió en la Vienanapoleónica; otra es la fuga de capital, en ocasiones debido a un «contagio». Conforme con esta perspectiva, el incremento en el medio en circulación es el resultado de un gobierno que trata de adquirir tiempo sin tratar la causa última de la propia pérdida de confianza.


En el modelo monetario, la hiperinflación es un ciclo de realimentación positivo de expansión monetaria veloz. Tiene exactamente la misma causa que otros géneros de inflación: las instituciones transmisoras de dinero, centrales o bien no, generan moneda para abonar una espiral de gastos, habitualmente debido a una política fiscal descuidada, o bien a gastos militares en incremento.Cuando los vendedores perciben que la entidad transmisora se ha comprometido a una política de veloz expansión monetaria, suben los costos para cubrir la caída aguardada del valor del dinero. La entidad transmisora debe entonces apresurar su expansión para cubrir esos costos, lo que reduce el valor de la moneda de forma más veloz. Conforme con este modelo la entidad transmisora no puede predominar y la única solución es parar ásperamente la expansión de la moneda. Desafortunadamente, el fin de la expansión puede ocasionar un severo trauma financiero a aquellos que utilizaban la moneda al ajustarse las esperanzas de forma repentina. Esta política, conjuntada con reducciones de pensiones, sueldos y gastos gubernativos, formaban una parte del acuerdo de Washington de los años noventa.


El récord mundial de hiperinflación fue alcanzado en mil novecientos cuarenta y seis en Hungría cuando llegó a cuarenta y uno con nueve trillones por ciento.


La peor hiperinflación de la historia se generó cuando el Reino de Hungría, que había sido aliado de la Alemania Nacionalsocialista desde mil novecientos cuarenta y uno, fue invadido por la URSS en otoño de mil novecientos cuarenta y cuatro. Una vez finalizada la ocupación total en mil novecientos cuarenta y cinco, el sesenta por ciento de la economía de Hungría había desaparecido y el país se hallaba en un proceso de transición cara una economía socialista. La moneda de entonces, el pengo, padeció la mayor pérdida de valor de la historia. Solamente terminar la guerra, en verano de mil novecientos cuarenta y cinco, ya circulaban billetes de diez millones de pengos con lo que el gobierno creó una nueva moneda, llamada adópengo, cuyo valor inicial a 1 de enero de mil novecientos cuarenta y seis era 1 adópengo = 1 pengo. 6 meses después, el adópengo calidad dos mil trillones de pengos. A esa tasa, los costos de los productos se duplicaban cada quince horas. La tasa de inflación diaria era del doscientos siete por ciento . Se llegó a imprimir un billete de cien trillones de pengos (un 1 seguido de veinte ceros). Un pengo equivalía solo a la milésima una parte de un dólar de la temporada. Por último el gobierno creó una nueva moneda, el forinto (asimismo famosa como florín húngaro), cuya tasa de cambio era de 1 forinto = cuatrocientos cuatrillones de pengos (un cuatro seguido de veintinueve ceros).


En mil novecientos ochenta y nueve con la depreciación del Austral en Argentina , miles y miles de personas pasaron cara la pobreza: la hiperinflación devoró sueldos, produjo revueltas, saqueos y llevó al adelantamiento del traspaso del poder. La hiperinflación provocó un incremento en el porcentaje de personas viviendo en la pobreza del veinticinco por ciento a principios de mil novecientos ochenta y nueve, al récord histórico de cuarenta y siete con tres por ciento en el mes de octubre del mismo año. A fines de mil novecientos ochenta y nueve sería nombrado jefe del banco Central Javier González Fraga a lo largo de su administración (ocho de julio de mil novecientos ochenta y nueve-veinticuatro de noviembre de mil novecientos ochenta y nueve) se desató la hiperinflación argentina de mil novecientos noventa, que tuvo implicancias económicas puesto que afectó a todo el sistema productivo y la sociedad; aparte del alto endeudamiento externo y también interno, estancamiento, escasa inversión en recursos de capital y también infraestructura y un grave desequilibrio fiscal; se sumó la pérdida del valor de la moneda Austral, llevada cabo por el Banco Central en mil novecientos ochenta y nueve, cuando reventó una hiperinflación del tres mil setenta y nueve por ciento anual. Ese año el dólar estadounidense subió el dos mil treinta y ocho por ciento .puesto de nuevo al frente del Banco Central en el mes de marzo de mil novecientos noventa. En su segunda administración se opuso a la convertibilidad y también impulsó el género de cambio libre y flotante.? Tras unos meses de nueva administración al frente del banco central, sus medidas volvieron a desatar un nuevo proceso hiperinflacionario. Meses después el economista Jorge Born lo sindicó como responsable de la segunda hiperinflación argentina.

Véase también:Hiperinflación en Argentina

Periodos de hiperinflación ocurrieron en América Latina en el periodo mil novecientos setenta y cinco-mil novecientos noventa y cinco a raíz de las crisis de deuda que aprecio a la mayor parte de los países de la zona. Más tarde, acontecimientos apartados como la crisis financiera de México de mil novecientos noventa y cuatro-mil novecientos noventa y cinco y la crisis de Argentina de dos mil uno-dos mil tres trajeron periodos de alta inflación.


En julio de dos mil dieciocho la economía nacional de Argentina fue calificada como hiperinflacionaria por un organismo regulador de U.S.A., vinculado a la Security and Exchange Commission (SEC), dispuso esa semana que Argentina merece esa calificación por haber amontonado en los últimos 3 años más de cien por ciento de inflación a lo largo del orden de Mauricio Macri, basandose a las Reglas Internacionales de Información Financiera (NIIF), que regulan la presentación de cómputos de las compañías que cotizan en Bolsa en el mundo entero.


Venezuela ha tenido tasas de inflación sobre el cien por ciento desde dos mil quince y probablemente sobre el dos mil por ciento para el dos mil diecisiete.


Ocurrió a lo largo del gobierno del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileiro, del presidente Sarney, la inflación se disparó días tras las elecciones legislativas, lanzando el "Plan Bresser" en el primer mes del verano de mil novecientos ochenta y siete, que intento detener la inflación de 2 dígitos suprimiendo subsidios y elevando impuestos para combatir el déficit, mientras que se desarrollaban obras públicas y se suprimía el "gatillo salarial" de mil novecientos ochenta y seis. Sin embargo, el Plan Bresser fracazó y la inflación siguió subiendo. Ese proceso acabó con el decreto de la moratoria en el pago de la deuda externa que el gobierno brasielño ya no podía continuar abonando, predisposición emitida el veinte de enero de mil novecientos ochenta y siete. Dado este nuevo descalabro se adoptó el "Plan Verano" el dieciseis de enero de mil novecientos ochenta y nueve, creando una nueva moneda: el cruzado novo, como réplica a la acelerada depreciación del cruzado; el Plan Verano trató de estabilizar la economía recurriendo al ajuste, sin conseguir éxito en el combate a la inflación. En fines del gobierno Sarney, Brasil queda en una crisis de hiperinflación: entre los meses de febrero de mil novecientos ochenta y nueve y marzo de mil novecientos noventa, la subida de costes llega al dos mil setecientos cincuenta y uno por ciento anual y al ochenta y seis por ciento mensual.


A principios de los años noventa los inconvenientes fiscales se agudizaron y llevaron al presidente del instante, Fernando Collor de Mello, a incorporar fuertes medidas para reactivar la economía. Estas incluyeron la privatización de empresas públicas, liberalización de controles de cambios y eliminación de órganos gubernativos.Esto no produjo los resultados aguardados y la inflación reanudó su ritmo creciente, registrando máximos históricos de dos mil setenta y cinco por ciento .


En mil novecientos noventa y dos el gobierno de Itamar Franco dispuso una política de libre mercado, Brasil fue sumido en una grave crisis económica, con una galopante inflación que había llegado a mil cien por ciento en mil novecientos noventa y dos y sería de dos mil cuatrocientos setenta y siete por ciento por año siguiente.


Entre los casos registrados está el de Bolivia. La hiperinflación más alta que padeció un país de Latinoamérica la ensayó Bolivia entre los años mil novecientos ochenta y dos y mil novecientos ochenta y cinco, registrando en mil novecientos ochenta y cinco un promedio de mensual de ciento ochenta y tres por ciento y un promedio anual de ocho mil ciento setenta por ciento . Esto destrozó todo el aparato productivo del país y provocó un marcado incremento de la pobreza, esta se aceleraría tras las reformas de Víctor Paz Estenssoro llegando en Noviembre de mil novecientos ochenta y cinco al seis,980.7 por ciento mensual y en el mes de diciembre al ocho,170.5 por ciento al mes.


Como consecuencia de ciertas políticas antiinflacionistas exageradamente recias, a fines de los años ochenta se llegaron a generar en múltiples países sudamericanos (Argentina y Perú, entre otros muchos) motines espontáneos con ataque de muchedumbres provenientes de los distritos más pobres a tiendas de nutrición.


Según el economista Steve Hanke, América Latina ha estado históricamente perjudicada por niveles altos de inflación, mas poquísimos incidentes de hiperinflación. Entre los pocos casos registrados está el de Bolivia en el mes de septiembre mil novecientos ochenta y cinco, que llegó al ciento ochenta y tres por ciento mensual, y cerca de sesenta cero por ciento por año. Brasil padeció en el tercer mes del año de mil novecientos noventa una inflación mensual de ochenta y dos con cuatro por ciento y Perú, en el mes de agosto de mil novecientos noventa, llegó a trescientos noventa y siete por ciento . A fines de los ochenta, una fuerte escalada inflacionaria en Perú se sumó a la fuerte crisis económica, aparte de la hiperinflación ocurrida a lo largo del primer gobierno Aprista1985-mil novecientos noventa y el gobierno de Fujimori. En la mitad del estancamiento económico, el ocho de agosto de mil novecientos noventa, el gobierno de Fujimori anunció un shock económico llamado Fujishock: el género de cambio se devaluó en doscientos veintisiete por ciento , la inflación alcanzó el siete mil seiscientos noventa y cuatro con seis por ciento y el costo de la gasolina se disparó en un tres mil por ciento . Por lo demás, la mayor parte de los países de América Latina en el siglo veintiuno ha tenido tasas de inflación por norma general entre cinco y diez por ciento .


En la historia más reciente hallamos el caso de Venezuela, donde se hace una comparación del periodo de dos mil siete, cuando se dio entrada al cambio de moneda (bolívar fuerte), hasta el dos mil dieciseis. En ciertos productos como la carne se reportan incrementos de hasta el ocho mil seiscientos por ciento hasta mediados del dos mil dieciseis, limitado por los controles gubernativos y una subida desmandada del "dólar paralelo", que es el género de cambio bolívar-dólar que se hace fuera del establecido por el gobierno de Nicolás Maduro. Mientras, el Banco Central de Venezuela devaluó el Bolívar en trescientos sesenta y ocho con siete por ciento pasándolo de setecientos sesenta y dos Bs/ dólares americanos a dos mil ochocientos diez Bs/ dólares americanos , reportando de esta forma un índice inflacionario de setecientos noventa y nueve con nueve por ciento con una subida de costes en comestibles y medicinas cada dieciocho días. El país hace frente al impacto de la caída de los costes del petroleo con una recesión desde el dos mil catorce, una caída trágica de sus importaciones, una aguda escasez de comestibles y medicinas y una fuerte agitación política y social.

Un billete de quinientos mil millones de dinares serbio-yugoslavos de mil novecientos noventa y tres.

En aquellos años, debido a la desintegración de Yugoslavia producida por las guerras yugoslavas y en la que Serbia de Milosevic fue un factor clave se dio uno de los mayores fenómenos de hiperinflación de la historia:

Artículo principal: Hiperinflación en Venezuela

Los primeros síntomasde inflación continua comenzaron a fines de la década de los dos mil cuando el seis de marzo de dos mil siete, el Banco Central de Venezuela y el Poder Ejecutivo aprobaron una reconversión monetaria que entró en vigencia el 1 de enero de dos mil ocho con la publicación en la Revista Oficial n.º treinta y ocho y seiscientos treinta y ocho por iniciativa del expresidente Hugo Chávez, tras lograr altos niveles de depreciación que marcó el género de cambio hasta cuatro mil doscientos cincuenta y cuatro con once bolívales por dólar estadounidense en ese entonces. Como una parte de los procesos de reconversión, se cambia la denominación, diseño y valuación del circulante. A lo largo de este periodo, fue tolerado el curso legal de las denominaciones existentes ya antes de la reconversión y las nuevas especies, comprendiendo que las precedentes monedas y billetes, como cualquier otro título, efecto de comercio, imposiciones fiscales y acciones mercantiles (como talones, bonos, sueldos, impuestos, acciones, entre otros muchos) debían expresarse y transarse dividiendo su valor nominal entre mil, que fue el factor de reconversión. De otra manera, el bolívar (Bs.) paso a identificarse como Bolivar Fuerte (Bs.F), y el codigo ISO se cambio de VEB a VEF.


Según mediciones extraoficiales de la asesora financiera Econométrica, en el mes de octubre de dos mil diecisiete, Venezuela habría registrado una inflación del cincuenta,6 por ciento respecto al mes precedente, lo que superaría el umbral mínimo de hiperinflación, definido en un incremento de costes de cincuenta por ciento en un mes. La firma de análisis financiero, Econométrica, resaltó un “máximo histórico” de inflación en la historia de ese país, que atraviesa una grave crisis humanitaria marcada por la escasez y la falta de productos básicos como comestibles o bien fármacos, aparte de escasez de papel moneda, que fuerza a los ciudadanos a hacer largas colas frente a los cajeros para retirar el poco efectivo que los bancos reciben, además de esto afirma que Venezuela llevaría años cumpliendo sobradamente las condiciones que llevarían frecuentemente a la hiperinflación, entre aquéllas que resalta la emisión desmandada de dinero por la parte del Banco Central y el descenso de recursos en el mercado a raíz de la caída de la producción y el cierre de más o menos doce cero empresas.


El 1 de noviembre de dos mil diecisiete, se generó el quinto incremento del sueldo mínimo de tal año, y el trigesimonoveno que comenzase la llamada Revolución bolivariana en mil novecientos noventa y nueve. Así, el sueldo mínimo mensual de los venezolanos se situó en ciento setenta y siete quinientos siete bolívares, cantidad que equivalía a cincuenta y tres con siete dólares estadounidenses conforme la tasa del cambio oficial de referencia (tres mil trescientos cuarenta y cinco bolívares por dólar) y a cuatro con treinta dólares estadounidenses al cambio que se aplicaba entonces en el mercado negro de divisas.


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