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ıllı Hiperinflación en la República de Weimar (wikinfo)

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Desde los días de la Primera Guerra Mundial el Goldmark, la moneda del Imperio alemán había sufrido una grave pérdida de valor real y de poder adquisitivo, puesto que el gobierno germano emitió papel moneda para hacer en frente de sus necesidades derivadas de la guerra, llamando Papiermark a estas nuevas emisiones. Debido a las emergencias nacidas del enfrentamiento, el Papiermark carecía de respaldo en oro y no era convertible en este metal bello, lo que era una situación infrecuente para la temporada, donde el esquema del patrón oro requería que todas y cada una de las emisiones de papel moneda de un país estuviesen apoyadas en oro, exactamente para asegurar su valor.


Tras el término de la Primera Guerra Mundial en el mes de noviembre de mil novecientos dieciocho, las potencias vencedoras como Francia y G. Bretaña impusieron a la derrotada Alemania el pago de reparaciones de guerra por la destrucción ocasionada a lo largo del enfrentamiento, sufrida eminentemente en Bélgica y el norte de Francia, atribuyendo toda la responsabilidad por esta razón sobre Alemania, fijando esta condición en el Tratado de Versalles de mil novecientos diecinueve.


Pese a que las reparaciones eran por montos muy elevados para la temporada (implicando múltiples miles y miles de millones de marcos alemanes), no englobaban a todos y cada uno de los ingresos del gobierno alemán y se habían discutido plazos y montos de pago. Sin embargo, la República de Weimar había heredado la moneda depreciada del gobierno imperial y asimismo carecía de reservas de oro suficientes, por lo que se prosiguió utilizando el Papiermark como dinero sin respaldo.


El Papiermark, a pesar de la demanda de las reparaciones, sostenía un género de cambio parcialmente estable en los sesenta marcos por cada dólar estadounidense a lo largo de la primera mitad de mil novecientos veintiuno. No obstante, el ultimátum de la ciudad de Londres por las reparaciones de guerra de mayo de mil novecientos veintiuno demandó un total de dos.000.000.000 de marcos de oro anuales, una suma muy, muy elevada y sin precedentes que representaba más del veintiseis por ciento del valor de las exportaciones alemanas. El primer pago se efectuó en el mes de agosto de mil novecientos veintiuno.


La fuga de marcos de oro (la una parte de la emisión monetaria que sí tenía respaldo en oro del gobierno alemán) ocasionó un severo daño a la economía, en tanto la República de Weimar debía usar papel moneda impreso apuradamente para cubrir sus demás actividades, y una parte de la riqueza generada por la economía local era absorbida por la emergencia de abonar reparaciones de guerra. Sin embargo, el costo real de estas reparaciones solo ascendía a una tercera parte del déficit nacional total de Alemania, por lo que el gobierno germano recurrió a la emisión de papel moneda eminentemente para encarar sus necesidades internas. Al acrecentar desmedidamente el flujo de dinero circulante entre la población, este comenzó inevitablemente a desvalorizarse.

La absoluta pérdida de valor del marco llevó a casos como el de esta imagen: un alemán muestra la depreciación del dinero empapelando una pared con billetes de un marco, más asequibles que el papel de pared.Sede del Reichsbank en Berlín, junio de 1923: usuarios emplean maletines para transportar el dinero recibido del banco.

El primer pago de reparaciones en marcos oro de agosto de mil novecientos veintiuno marca el inicio de una depreciación exponencial del marco alemán, que pasó en el mes de noviembre de mil novecientos veintiuno a marcar un género de cambio de trescientos treinta marcos por cada dólar estadounidense. El montante total de las reparaciones ascendía a 132.000.000.000 marcos de oro, una cantidad superior al total de las reservas de oro alemanas. La República de Weimar trató entonces de adquirir divisas extranjeras, mas pagando en bonos del erario público y en deudas comerciales, algo que favoreció una depreciación más veloz del marco en los mercados financieros mundiales.


La emisión de papel moneda sin respaldo en oro había servido de manera exitosa al gobierno de la República de Weimar como herramienta de "defensa", al abonar las reparaciones a las potencias vencedoras con dinero desvalorizado, mas cuando el mercado financiero internacional se percató de la acelerada depreciación del marco alemán a comienzos de mil novecientos veintidos, franceses, belgas, y británicos demandaron el pago en recursos naturales (madera, lignito, trigo), imponiendo una presión más severa sobre la economía alemana.


Durante la primera mitad de mil novecientos veintidos, el marco se estabilizó en un cambio en torno a los trescientos veinte marcos por dólar estadounidense, algo acompañado de conferencias internacionales sobre las reparaciones de guerra, incluyendo una organizada en el mes de junio de mil novecientos veintidos por J. P. Morgan, Jr., banquero estadounidense. En estos encuentros no se alcanzó ninguna solución viable que satisficiera de un lado a Francia y G. Bretaña y por el otro a los USA, los mayores acreedores de Alemania en razón de las deudas de guerra, con lo que la inflación alemana se disparó, transformándose en hiperinflación, y el género de cambio del marco aumentó, hasta los ocho mil marcos por dólar estadounidense en el mes de diciembre de mil novecientos veintidos, mientras que el gobierno alemán destinaba la mayoría de sus ingresos al pago de reparaciones para eludir presiones militares de Francia y G. Bretaña. Para colmo, la exuberancia de circulante había ocasionado una veloz devaluación del dinero durante mil novecientos veintidos al punto que el costo de vida pasó de cuarenta y uno a ochenta y 2 millones, o sea, se multiplicó por un par de millones.


Como resultado, los costos de artículos de consumo aumentaban aceleradamente en poquitos días, tornando inútil el dinero emitido por las autoridades gubernativos en Berlín. La población que dependía de un sueldo para vivir se vio en serias contrariedades puesto que los costos de los comestibles y servicios básicos aumentaban de costo en cuestión de semanas, haciendo imposible el ahorro. Además, la emergencia de abonar reparaciones había ocasionado que prácticamente todas las divisas libres en el mercado quedasen en poder del gobierno, lo que impedía al alemán medio adquirir moneda extranjera para resguardarse de la inflación.


Junto con esto, la inflación ocasionó la ruina de miles y miles de ahorristas que habían invertido su dinero depositándolo en los bancos, quedando a salvo de este peligro tan solo la minoría de personas que tenía recursos cuyo valor no era perjudicado por la inflación (joyas de metal hermoso, inmuebles, o bien afines), por lo que una gran parte de la clase media alemana padeció un serio deterioro en su nivel de vida.También, en las grandes urbes como Berlín, Hamburgo, o bien Múnich, como en las zonas industriales como la Cuenca del Ruhr, ocurrían periodos de escasez de comestibles (y su consecuente subida de costo) en tanto los productores agrícolas rechazaban asimismo el dinero desvalorizado que se les ofrecía.

Libro de gastos de un ama de la casa alemana en mil novecientos veintitres. Nótese las cantidades de dinero indicadas en la página izquierda y de qué manera se prescinde de los ceros en la página derecha

Dada la emergencia de sostener la vida económica, los municipios de urbes pequeñas, cajas de ahorro y empresas comerciales o bien industriales emitieron documentos de papel llamados Notgeld (en alemán "dinero de urgencia") para representar con esos papeles sumas de dinero, y después, al acrecentar el deterioro de la economía, representar artículos de consumo como madera, carne, trigo, centeno, entre otros muchos. El Notgeld, al actuar como dinero a nivel local, calmaba el empleo del cambie, que se tornaba poco práctico en una economía industrializada como la de Alemania; sin embargo, el Notgeld suponía apenas una solución de reducido alcance y que no resolvía el inconveniente clave: la ausencia de una moneda fiduciaria fuerte a nivel nacional y la acelerada devaluación del marco alemán.


En enero de mil novecientos veintitres, la situación se volvió todavía más tensa con la Ocupación del Ruhr por tropas francesas y belgas, medida determinada por los gobiernos de los dos países para asegurarse el pago de las reparaciones de guerra en recursos como el lignito, hierro, acero, o bien madera, puesto que el marco alemán era rechazable como medio de pago puesto que carecía de valor. Ante ello, los obreros alemanes del Ruhr se lanzaron a una huelga general contra los ocupantes franceses, y el gobierno en Berlín emitió entonces más papel moneda para abonar sueldos a los manifestantes (que sumaban múltiples millares), lo que agudizó más la inflación en tanto el circulante recién emitido se quedaba en Alemania.


Aunque las reparaciones de guerra suponían apenas una tercera parte del déficit del presupuesto alemán de mil novecientos veinte a mil novecientos veintitres, el gobierno alemán halló en ellas un chivo expiatorio para justificar el deterioro de la economía, que al lado de banqueros y especuladores habrían acelerado el proceso inflacionista en su busca de beneficios.

Funcionarios alemanes recogiendo el papel moneda desvalorizado, enero de 1924

La hiperinflación alcanzó su máximo en el mes de noviembre de mil novecientos veintitres, mas fue suprimida con una nueva moneda: el Rentenmark, que entró en circulación el quince de noviembre de mil novecientos veintitres. El gobierno se apoyó en esta nueva moneda, de valor fijo, por último admitida, mientras que se puso fin a la emisión de billetes.


Bajo inspiración del presidente del Banco Central, el economista Hjalmar Schacht, se determinó que era imposible proseguir con la impresión de papel moneda que carecía de todo valor, y que los daños en la economía alemana habían forzado a múltiples localidades a instaurar mecanismos de cambie, en tanto el dinero perdía significado.


La solución propuesta por Schacht consistía en que el gobierno impusiese una hipoteca legal sobre las tierras y recursos industriales existentes en el país, que servirían como respaldo de la nueva moneda, por un valor total de treinta y dos billones de Rentenmark. Esta solución recordaba el rol de los fracasados asignados a lo largo de la Revolución Francesa, mas en la Alemania de mil novecientos veinte ya había suficiente empleo de papel moneda para eludir las distorsiones del siglo XVIII. Esta conversión impidió la emisión de más papel moneda sin respaldo, y solventaba el inconveniente de la falta de oro que respaldase al dinero como era común en el mundo entero ya antes del Crac del veintinueve.

Medalla conmemorativa de la inflación. En alemán, se puede leer: El 1 de noviembre de mil novecientos veintitres, una libra de pan costaba tres mil millones de marcos, una libra de carne: treinta y seis millones, un vaso de cerveza: cuatro.000 millones.

Si bien la inflación acabó con la introducción del Rentenmark y la República de Weimar se sostuvo a lo largo de una década más, se apunta a la hiperinflación como una de las razones del ascenso del nacionalsocialismo en Alemania. Adolf Hitler, en su libro Mein Kampf, efectúa numerosas referencias a la deuda alemana y a las consecuencias negativas que acarreó.


La inflación incrementó las dudas sobre la eficiencia de las instituciones liberales, en especial entre la clase media que había perdido una gran parte de su riqueza siendo esta expresada en depósitos bancarios y bonos gubernativos, víctimas de las peores devaluaciones. Además, generó un fuerte resquemor cara los banqueros alemanes y los especuladores, muchos de ellos judíos, a los que el gobierno y la prensa culparon de la inflación. La prosperidad de los especuladores en metales hermosos y también inmuebles, y la ruina financiera de los ahorristas que preservaban dinero en efectivo, hizo que muchos de estos últimos empezaran a perder la fe en los mecanismos de la democracia y el capitalismo, que no habían podido resguardarlos del desastre.


Lo que prueba la hiperinflación en la República de Weimar, es que la pérdida de confianza en los medios usuales de intercambio económico rompe con el orden social. De esa forma, el desmoronamiento del sistema monetario alteró el horizonte temporal de los alemanes (su preocupación por el presente es mayor que por el futuro) con lo que valores que son funcionales a la estabilidad a nivel económico como el ahorro, el préstamo y el crédito, pierden sentido. De ahí que, se llegó a calificar a la generación perjudicada por la hiperinflación, como unos aventureros, que serían la base del reclutamiento de las Fuerzas Militares que acompañaron las políticas expansionistas del Tercer Reich.


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