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Durante los debates sobre de qué forma solventar las crisis de los treinta, Lerner desarrollo una metáfora para explicar su propuestas político económicas sobre el control preciso para asegurar estabilidad a nivel económico. El razonamiento es que el que un gobierno practique el laissez-faire es equivalente a conducir un auto sin volante, con el resultado que sea el progreso -o bien la economía de un país- de manera continua entra en crisis. Consecuentemente Lerner arguye que era tiempo que se adoptase una política keynesiana “del control”, en la que el gobierno explícitamente emplearía un “volante” (la “finanza funcional”) a fin de sostener el proceso económico desarrollándose estable y eficazmente.


Extendiendo lo precedente, Lerner contrasta la finanza funcional con la “finanza sana” o bien tradicional. La finanza sana fomenta una política de laissez-faire y la acción gubernativo “prudente”: las cuentas han de estar equilibradas (salvo en tiempos de guerra), la Oferta de dinero o bien cantidad de circulante no puede acrecentar a una tasa mayor que la tasa de desarrollo de la economía, el gobierno no debe intervenir en temas económicos, etc.


El inconveniente -desde la perspectiva de Lerner- es que esas “reglas del buen manejo económico” no son el producto de un análisis, sino más bien sencillamente admitidas como obviamente adecuadas. Lerner arguye que -cuando los gobiernos comprendan como la macroeconomía verdaderamente marcha- adoptarían un conjunto de reglas alternativas: la finanza funcional, bajo las que las resoluciones sobre déficits y cantidad de circulante no serían necesariamente exactamente las mismas que las precedentes, en la medida que lo que se valoraría seria su efecto real en una economía detalla en un instante dado, en vez de ser basadas en el prejuicio que el déficit fiscal, la deuda pública y una política monetaria expansionista son necesariamente “malas”.


En lo que prosigue seria recomendable sostener presente que mucho de la presentación de la propuesta de la economía funcional es realizada en un lenguaje de forma deliberada provocativo. Esto se debe al menos en parte a que propósito de Lerner fue contrastar con fuerza aquellas de reglas de manejo económico que tienen sentido para los individuos mas no necesariamente para el agregado económico de una nación. Por servirnos de un ejemplo, se ha aducido que históricamente, en el caso de los EEUU: “Cada reducción significante de la deuda (publica) ha sido seguida por una depresión y cada depresión ha sido antecedida por una reducción significante de la deuda. Todavía más, cada superávit presupuestario ha sido seguido, y por norma general más temprano que después, por nuevos déficits. No obstante, una relación, por perfecta que sea, no pruebacausa. Existe alguna razón para sospechar que los superávits del gobierno son perjudiciales?... Al nivel macroeconómico, los gastos del gobierno producen un ingreso en el ámbito privado, impuestos dismuyen ingresos libres. Cuando los gastos del gobierno sobrepasan los ingresos por impuestos (déficit presupuestario), hay una adición neta al ingreso libre del ámbito privado.


La idea básica es que a nivel general se puede usar el manejo del presupuesto (tanto el equilibrio como el desequilibrio) como un volante o bien mecanismo de conducción económica. El presupuesto tiene ese efecto por el hecho de que, conforme a Keynes y otros, tanto los impuestos como los gastos fiscales afectan de manera directa los niveles de actividad económica. De manera adicional, las “macro-externalidades” del gasto fiscal han de ser considerados pues -en el agregado- los efectos secundarios de esas resoluciones son notables, en contraste a las resoluciones de individuos como semejantes.


La premisa esencial de la finanza funcional es explícitamente que una economía capitalista activa es inherentemente inestable, conque el desempleo y también inestabilidades de costos periódicamente imponen dificultad económica sobre la economía por lo general, lo que impacta más seriamente sobre el mercado de trabajo.


Sucede que los sueldos forman en torno a 2 tercios de los ingresos generales y que tanto Keynes como otros han mostrado que la tasa de ingresos por sueldos con relación a los ingresos generales es parcialmente estable a nivel nacional. La implicación es que una caída en los sueldos conduce a una caída en los ingresos generales.


El propósito de la propuesta entonces es intentar sostener el cómputo de la economía, utilizando el presupuesto a fin de supervisar esas fuerzas que llevan así sea a un sobrecalentamiento o bien al enfriamiento excesivo de la economía.


De pacto a Lerner, (Lerner, mil novecientos cuarenta y uno). la finanza funcional depende de las próximas 3 reglas:


1.- El gobierno sostendrá, en todo instante, un nivel de demanda razonable. Si hay poca demanda -y coherente alto nivel de desempleo- el gobierno debe así sea reducir los impuestos o bien acrecentar sus gastos. Si hay demasiado demanda, el gobierno debe prevenir inflación reduciendo sus gastos o bien incrementando impuestos.


2.- El gobierno debe sostener una tasa de interés que optimice la Inversión mediante tomar préstamos cuando quiere elevarla y repagando la deuda cuando quiere bajarla.


3.- Si cualquiera de los 2 principios precedentes entra en enfrentamiento con los principios de la “finanza sana” -balancear la deuda o bien limitar la deuda publica- no importa. El gobierno debe imprimir el suficiente dinero para financiar las otras 2 reglas.


De lo precedente prosiguen ciertas sugerencias, entre aquéllas que se encuentran:



  • La aproximación 'tradicional” a inconvenientes de empleo (visiones micro o bien macro económicas) no es muy apropiada. Más relevante seria una aproximación de sistemas


  • Los impuestos no se deben emplear para solucionar el gasto fiscal. Ese gasto puede y ha de ser financiado con deuda pública. Los impuestos tienen una función redistributiva


  • No se debe buscar sostener un superávit económico fiscal (en el sentido de ahorros de un periodo económico a otro).Los superávits no se pueden guardar para empleo futuro. De hecho, no hay superávits que se puedan ahorrar o bien aun gastar, hay una cantidad de riqueza en circulación en una sociedad. Si una parte de esa riqueza no circula, el total ciertamente reduce. En cualquier periodo que los gastos fiscales sean menores que los ingresos, se reduce no solamente la deuda fiscal sino más bien asimismo la cantidad de riqueza social (puesto que el “ahorro fiscal” reduce ingresos libres a la población y eso se convierte o bien se expresa así sea como reducción de deuda a favor en las cuentas privadas o bien como reducción del circulante, que reduce el dinero libre a la población por lo general)

La dura presentación de esos principios por Lerner causo mucho discute en las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo veinte, cuando la mayor parte de los keynesianos (incluyendo keynes mismo) eran considerablemente más medidos en sus propuestas.


Sin embargo, para la década de los sesenta del mismo siglo, las reglas de Lerner llegaron a ser la interpretación estándar del keynesianismo tanto en textos de macroeconomía como en discusiones de economía política, singularmente en EE. UU., dada alguna particularidades de la economía de ese país. (ver más abajo) Se ha aducido que esto es debido a que los textos de Keynes prácticamente no poseen una propuesta práctica de acción económica. No poseen, por servirnos de un ejemplo, menciones de políticas fiscales. mas al tiempo había poderosas fuerzas demandando la implementación de políticas “keynesianas”. Consecuentemente, cuando se atacaba esas políticas, realmente se atacaba las propuestas de Lerner.


Cualquiera que sea el caso, esas políticas fueron incorporadas a través del planeta, llevando a la gaceta estadounidense Time a observar que “ En Washington los hombres que elaboran la economía de la nación han utilizado principios keynesianos no solo para eludir los violentos ciclos de los días de preguerra mas para generar un sensacional desarrollo económico y conseguir costos remarcablemente estables... figurando que los Estados Unidos había, de alguna forma, descubierto el secreto de desarrollo estable y no inflacionario, los líderes de numerosos países en los dos lados de la cortina de hierro trataron claramente de imitar su éxito”


Sin embargo, el ataque contra esas “políticas keynesianas” se acentuó mediante los 1970s y 1980s, dirigido por, entre otros muchos, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek y Milton Friedman, el último de los que tuvo la mayor repercusión en Estados Unidos, donde, desde los finales de la década del sesenta del siglo veinte y inicio de la del setenta, su propuesta monetarista comenzó a sustituir la finanza funcional.


La situación -sugerida más arriba- especial de Estados Unidos es la tendencia histórica de ese país a enseñar déficits en su presupuesto fiscal. Esto llevó a 2 visiones que, a pesares que pueden ser vistas como en general afines en sus efectos prácticos, son percibidas como competitivas: la mentada visión de la finanza funcional (Ver L. Randall Wray, op cit) y la monetarista, ejemplarizada por Friedman, conforme a la que, las crisis se podrían eludir si el Banco central de Estados Unidos -la Reserva Federal- expandiese la cantidad de circulante, puesto que el dinero marcha como un “multiplicador monetario”


Comparando las dos visiones, Paul Krugman escribe: “Un tema central de la Teoría General de Keynes fue la impotencia de la política monetaria en condiciones del género de la depresión. Mas Milton Friedman y Anna Shwartz, en su magistral historia monetaria de los Estados Unidos, plantean que el Banco Federal podría haber prevenido la Gran Depresión -una propuesta que después, en escritos populares, incluyendo los de Friedman mismo, se transmuto en la propuesta que el Banco Federal ocasionó la depresión. Ahora, lo que el Banco verdaderamente controlaba era la base monetaria -circulante pero reservas bancarias. Como la figura muestra, esa base se expandió en la realidad a lo largo de la enorme depresión, por lo que es bastante difícil hacer el caso que la Reserva ocasionó la depresión. Mas se puede argüir que la depresión podría haber sido prevenida si el Banco Federal hubiese hecho pero -si hubiese expandido la base monetaria más velozmente y hubiese hecho pero para salvar los bancos en inconvenientes.


Ahora, concentrándonos en los efectos prácticos de las dos propuestas -particularmente, su aproximación al tratamiento de las crisis por medio de la no consideración por los déficits presupuestarios, y la propuesta de expansión monetaria- esas aproximación semejan -a primer aspecto o bien para no especialistas- suficientemente afines para ser confundidas -mas la segunda tiene, para ciertos, el incentivo agregado que plantea una reducción de impuestos en todo y cualquier caso- Es esa confusión lo que explica el conocido dicho de Nixon cuando derogó la relación de treinta y cinco dólares americanos por onza de oro -lo que dejó la enorme expansión de la cantidad de dólares estadounidenses, marcando el fin del sistema instaurado por los Pactos de Bretton Woods: “Ahora soy un keynesiano en economía” (I am now a Keynesian in economics") -lo que a su ves creó una situación que lleva a la propuesta de poner punto y final a la llamado “Hegemonía del dólar (ver asimismo Bancor). No obstante hay una diferencia profunda entre las 2 propuestas. Paul Krugman -por fin de lo convocado- agrega: “Así, acá estamos (dos mil ocho), mirando una crisis reminescente de la de los treinta. Y esta vez el Banco Federal ha sido espectacularmente violento sobre acrecentar la base monetaria.. y adivinen que pasa? no semeja estar marchando. (op cit)


Sin embargo, la confusión y preferencia por el monetarismo como justificación de la mantención de los déficits fiscales en Estados Unidos se hizo general y para los 90s las presentaciones de la macroeconomía en los libros académicos dejaron de incluir las premisas de la “finanza funcional”, al punto que pocos economistas formados desde esa temporada han escuchado de ella o bien son familiares con sus conceptos.


No obstante, Colander ha alegado que la repercusión de la finanza funcional persiste al nivel de la economía política. Entre gobernantes la reacción general a los déficits fiscales -en especial en tiempos de crisis- es muy, muy diferente a la que sus equivalentes tenían ya antes de la introducción de semejantes percepciones y las ventajas de un déficit fiscal en semejantes instantes son normalmente reconocidos, la discusión centrándose considerablemente más en el tamaño de semejantes déficits como porcentaje del Producto Interior Bruto, no en la necesidad de un presupuesto equilibrado.


Sin embargo esa aparente confluencia de las dos situaciones en su falta de interés en el déficit fiscal ha sido empleada por gobiernos de todos y cada uno de los partidos en Estados Unidos para justificar el creciente déficit fiscal lo que ha llevado a ciertos observadores a pronosticar la ruina de esa nación. y a -como se ha dicho- la percepción de la necesidad de sustituir el dólar como moneda internacional de intercambio y ahorro.


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