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Las cistas eran en la antigüedad, recipientes de empleo muy habitual. En un inicio eran canastas de mimbre empleadas en el campo, singularmente para guardar legumbres y frutas, mas por extensión se llamaron con este nombre todo género de botes o bien cajas que servían para contener dinero, rollos manuscritos, juguetes, ropa, joyas, objetos hermosos o bien artículos de tocador (de ahí el nombre de cistellatrix que se daba a los esclavos responsables de guardar las cistas de sus dueños).


En Praeneste, la presente Palestrina, se han encontrado distintas cistas de bronce, como la conocida Cista etrusca Ficoroni.


En los cultos mistéricos, la cista era un objeto que ocupaba un sitio fundamental, al lado del calathus y al liknon (criba) dionisíacos. Su papel era siempre y en toda circunstancia exactamente el mismo y estaba de manera perfecta determinado. La cista, cerrada con una tapa, servía para sostener escondo a ojos de los profanos, los objetos sagrados y enigmáticos, cuya revelación era el acto esencial de todas y cada una de las iniciaciones. Un terror religioso defendía de la curiosidad de los indiscretos, los enigmáticos objetos ocultos en la cista y a la cista misma, a los que los devotos rendían con gran honor su veneración.


Los textos y objetos que se han podido preservar testimonian que la cista de los misterios, ritualmente siempre y en todo momento fue una cesta cilíndrica de mimbre trenzado con tapa, mas jamás, una caja de madera o bien metal, que imitara su forma. En ocasiones tenían una enorme dimensión, como la que los hermanos Tottès y Onnès hallaron en el Mileto asediado, la hiera de los misterios cabíricos, donde se precisaban 2 hombres para portarla. Mas lo más normal es que la cista tuviera un tamaño que pudiera ser portada por un solo hombre.


Al ministro sagrado que efectuaba el oficio, se le llamaba cistophoros, y los romanos, en ocasiones, lo traducían como cistifer.


Culto a Dioniso


Es sobre todo en el culto mistérico a Dioniso donde la cista fue esencial, tanto es conque en la temporada romana se transformó en un factor propio en cualquier escena habitual relacionada con Baco y las Bacanales, si bien fuera sin pretensión mistérica, en las obras de escritores o bien artistas. No obstante, la cista no semeja haber tenido presencia en los ritos primitivos de la religión dionisíaca, especialmente la del Dioniso tebano. Es totalmente extraña a la Trietérides de Necia. No aparece la cista con Dioniso y sus seguidores en ninguna obra artística de la propia Grecia que se remontan a su auge ni en ninguna de las incontables escenas dionisíacas que nos ofrecen los vasos pintados. En Aristófanes, la cista es solo el recipiente que contiene las tortas del sacrificio.


Las primeras menciones literarias de la cista como objeto mistérico en las liturgias dionisíacas se hallan en Demóstenes y en Teócrito. Aun en la primera, se practica una tíaso singularmente consagrada al culto de Sabazio. Solo mediante los elementos extranjeros tomados de la religión del dios tracio-frigio, fue introducida la cista en el culto dionisíaco en Grecia. Además de esto, en los ritos báquicos, poseen siempre y en todo momento la víbora, animal que en el simbolismo dionisíaco procede del Sabazio del Asia Menor. Una víbora viva, se sostenía de forma permanente en la cista dionisíaca, no solo como guardián de la hiera que contenía, sino más bien como el distintivo animado de Dioniso Bassareo o bien Sabazio, como exactamente el mismo dios.


La representación más vieja que se dispone de la cista dionisíaca es por medio de un género de monedas de plata de Asia Menor llamadas "cistóforas", donde está rodeada por una guirnalda de hiedra, con su tapa levantada y una víbora saliendo de ella. En verdad, tuvo siempre y en todo momento un sitio esencial en las liturgias del culto de Dionisio en esta zona, tanto en las urbes helénicas como en las de los nativos, que indudablemente, estabas influida en este sentido por los helenos asiáticos. De exactamente la misma temporada aproximado que las cistóforas es el conocido conjunto del Toro Farnesio, obra de los escultores de Rodas, donde la cista mística figura en tierra como índice de la liturgia dionisíaca en la mitad de la que, Dirce ha sido capturada por Anfión y Zeto. Por exactamente la misma temporada, no obstante, y seguramente del arte de Asia Menor, se conserva un vaso de ónice, conocido como "Copa de los Tolomeos", donde la cista está entreabierta, y la víbora saliendo, en la mitad de una acumulación de objetos religiosos de todo género, vasos, máscaras, etcétera, listos para la celebración de Baco.


En la temporada imperial romana, la imagen de la cista mística no falta prácticamente jamás en los bajorrelieves de los temas báquicos, singularmente en los sarcófagos. No obstante, no aparece como llevada en procesión o bien empleados en un rito determinado. Es un atributo que se halla en el suelo, en ocasiones solo, para delimitar la naturaleza de la escena y como un recordatorio de que el dios al que se refiere es un dios de los misterios.


Culto a Deméter

Placa votiva descubierta en el santuario de Eleusis. Arriba, Deméter está sentada sobre la «cista secreta».

La cista es parte del culto mistérico a Deméter, lo mismo que a Dioniso. No obstante, no aparece mentada desde temporadas antiquísimas. En las pinturas de Polignoto en Delfos, Cleoboia, que había llevado de Paros a Tasos los misterios de Deméter, fue representada manteniendo en su regazo la cista que se empleaba en estas iniciaciones. Esta es la primera mención famosa de la cista demetríaca. En la vida de Foción descrita por Plutarco, se trata de tiras de púrpura en torno a las cistas místicas usadas en los misterios eleusinos. Estaban allá, en verdad, para contener la hiera, compuesta eminentemente de tortas, que los iniciados probaban a lo largo de las noches de iniciación, como se desprende de la conocida fórmula: "He ayunado, he bebido el kykeon, que tomé en la cista y, tras probar, puse el calathus y después el calathus a la cesta."


La cista aparece asimismo como un factor esencial de los ritos mistéricos de Deméter establecidos o bien reordenados en el Peloponeso, en la temporada de la supremacía política de los tebanos.De esta forma, en la inscripción que contiene el reglamento de los misterios de Andania en Mesenia, se habla de vírgenes sagradas que conducen carros que portan las cistas que poseen las hiera mystica. En Acacésion, cerca de Megápolis, el escultor Demofón de Mesina habría efectuado un conjunto de grandes diosas, puesto en el templo, y Despena, la diosa pequeña, de la misma manera que Perséfone, tenía la cista sobre sus rodillas. La afín Deméter Erinnys en Onceion, cerca de Thelpousa, en la Arcadia, tenía por atributos la cista mística y la antorcha. En Apuleyo, Mente jura a Ceresper taza segrega cistarum.

Bajorrelieve con el busto de Galo rodeado de címbalos, timpanon, flautas y cista mística.

Clemente de Alejandría habla de cistas empleadas en otros misterios de menor relevancia, señalando las hiera que contenían ocultas a la vista: las del culto secreto a Temis y las de los misterios de Afrodita en Chipre, que se aseveraba que fueron fundados por Cíniras. De la cista para las iniciaciones cabíricas, charlan exactamente el mismo Clemente de Alejandría y Nicolás de Damasco, que cuentan que la introducción de estas iniciaciones se generó en Mileto.


La cista asimismo halló un sitio en las liturgias de culto osiríaco, tal y como se festejaban en el planeta grecorromano. No fue un préstamo del ritual egipcio, sino más bien una adición griega, preparada al empleo de los misterios dionisíacos, a resultas de la asimilación que se había establecido desde la temporada de Herodoto, entre Osiris y Dioniso. Tibulo habla de la cista de Osiris, y Apuleyo la muestra llevada ceremoniosamente en la enorme procesión isíaca. En la cara precedente de un altar votivo descubierto en la ciudad de Roma, en el lugar del Templo de Isis, se puede observar una cista redonda y cerrada, en torno a la que hay una víbora arroscada, a la que acompañan una luna creciente y unas orejas.


El cipo funerario de Babillia Varilla presenta la figura de la fallecida vestida de Isis, con el sistro y la situla sagrada, y con ella una cista acompañada por la víbora. La de L. Valerio Firmo, sacerdos Isis Ostiensis et Matris Deorum Transtiberinae, le enseña con indumentaria frigia, teniendo a su derecha una mesa en la que se hayan puestas 2 cistas cerradas, una decorada con la cabeza del sol brillante y la otra la luna creciente.


También en el sepulcro de un cistophorus aedis Bellonae Pulvinensis, la cista aún acompaña al busto de un sacerdote de Cibeles en un monumento de la Villa Albani.


Unidas a los cultos extranjeros que desdeñaban a los amigos de las viejas costumbres nacionales, los cistóforos gozaban en la ciudad de Roma de una pobre consideración. Mas los romanos, al tiempo, estaban tan habituados a ver en la cista al recipiente normal de los sagrada arcana que en los relieves de la mesa ilíaca, aparece una cesta de este género donde Eneas porta los Penates en la mitad del incendio de Troya, aunque, no hay texto literario conocido que aporte este detalle.


La cista mística fue utilizada en otras liturgias de iniciación como en una vieja secta llamada de los Ofitas.


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