Crecimiento Personal
Sentirnos culpables

Vía Flickr rafael alves de souza
La culpa juega un papel de autosabotaje a nosotros mismos. Es un auto castigo que no imponemos por no poder cumplir nuestras propias expectativas respecto a cómo deberíamos ser, sentir y hacer. Ese deberíamos, que nunca fue, nos produce ira y frustración.
Este juego interno, nos puede llevar a serios problemas, siendo uno de los principales, el miedo. Cuando pensamos que no podremos cumplir con lo que nos proponemos, cuando creemos que no seremos capaces de cumplir con nuestras reglas internas, entonces cedemos al miedo de seguir intentando. Y el miedo nos paraliza y no nos permite avanzar hacia nuestros objetivos. Estos sentimientos lo único que conseguir es desvalorizar la imagen que tenemos de nosotros mismos, lo que finalmente se traduce en una falta de confianza en nuestra persona.
Sin embargo, debemos tener una cosa en claro: La culpa es total y absolutamente innecesaria. Solo puede existir cuando nosotros mismos abrimos la puerta al autocastigo y a pensamientos totalmente irreales. Es muy común hablar de la culpa con el tema de las comidas. Cuando comemos más de la cuenta, o no comemos de manera “saludable” surgen sentimientos autodestructivos, ya que internamente pensamos que no deberíamos haber roto nuestra promesa de comer moderadamente. Y como la hemos roto, somos débiles, sin voluntad, malas personas, o personas que no califican como modelos de acción.
En este razonamiento deberíamos separar algunas cosas. Las personas que sienten que han fallado en algo, y por eso se culpan de manera flagelante, no razonan con claridad y serenidad. Después de todo, las personas “buenas” no hacen “cosas buenas” todo el tiempo. No son perfectas y sin tacha. Las personas “buenas” hacen distintas cosas algunas buenas, otras no tan buenas, o también dejan de hacer. Con la culpa llegamos incluso a acuerdos enfermizos con nosotros mismos, ya que algunas personas hacen cosas que consideran poco apropiadas a sabiendas de que se sentirán culpables, pero lo hacen de todos modos, porque el grado de culpabilidad que sufrirán resulta “aceptable”.
Dicho esto, podemos señalar que la culpa nos lleva a
- Sentirnos mal con nosotros mismos
- Crea expectativas irreales sobre lo que “es correcto”
- Tiene efectos negativos sobre nuestra propia imagen e incluso en nuestra salud física.
- En algunos casos nos permite seguir actuando de maneras poco provechosas
Como podemos ver, la culpa no sirve para nada. No hay nada útil en sentir culpa, solo gastar energía que podríamos emplear en algo realmente productivo. Pero incluso con lo que hemos dicho, podemos darle un giro positivo a todo este asunto. Cuando nos enfrentamos a una situación donde pensamos que si hacemos o dejamos de hacer sentiremos una horrible culpa, podemos tomarlo como un aviso, de que hemos llegado a una encrucijada. Podemos usarla como nuestro Pepe Grillo personal. Esto, por cierto no nos causa el daño que provoca la culpa en sí. Solamente nos pone sobre aviso de que estamos a punto de hacer algo que nos podría hacer sentir culpa.
En esta encrucijada podemos seguir dos caminos: cambiar nuestra autoimagen o cambiar el curso de la acción.
Cuando hablamos de cambiar nuestra imagen, nos referimos a que podemos cambiar el concepto personal de nosotros mismos frente a un hecho que nos pueda causar culpa. Por ejemplo, si pensamos que nos sentiremos mal por comer un pastel, entonces debemos sustituir la imagen que tenemos de nosotros mismos, por una más realista, que nos humanice. Esto quiere decir que podemos pensar en que nuestro peso no está tan mal, o que comenzaremos a cuidar más de nuestra salud. También podemos pensar en que ahora comerás de forma moderada, y ese pastel no significa que lo harás de manera excesiva. De esta forma, comenzamos a tener pensamientos mas aterrizados sobre lo que somos, y de paso evitas la culpa.
La siguiente forma, más sencilla, pero no por eso más fácil, es cambiar de acción. Simplemente no hacer lo que pensamos que está mal. Si creemos que comer ese pastel va contra lo que creemos, no lo hagamos y ya. Probablemente muchos piensen que es más fácil decirlo que hacerlo, pero una vez que está hecho, nuestra sensación de poder y dominio nos hará sentir muy orgullosos de nosotros mismos.
Terminemos con los efectos negativos de la culpa. Podemos vivir mucho más felices con nosotros mismos, ya que obtendremos importantes beneficios de esto:
Podemos poner metas adecuadas. Con esto podemos cumplir con objetivos menos agobiantes y más concretos. De esa forma podemos conseguir dos cosas: Avanzar constantemente, y medir nuestros progresos.
Nos permite priorizar lo que realmente debemos hacer. Esto significa que en vez de malgastar nuestra energía en pensar lo que “deberíamos” hacer, podemos enfocarnos en unas pocas tareas que realmente son importantes.
La culpa nunca nos llevara a nada bueno, así es que tampoco te sientas culpable de no sentirte culpable!
