
¿Has pensado alguna vez en todo el dinero extra que tendrías si no hubieras comprado un montón de objetos insignificante que hoy sólo ocupa espacio en tu casa? Probablemente sería una cantidad no despreciable. Pero podemos ir mucho más lejos y pensar en toda la huella que van dejando nuestras compras, la basura que no se recicla, el daño al ecosistema a raíz de compras impulsivas y no necesarias.
Si lo que deseas es sentirte en paz cada vez que te vas a dormir, no tener la tarjeta copada sin saber cómo cubrir la cuota, si te interesan los derechos sociales, el trabajo justo, si te preocupa el ecosistema y su conservación entonces este artículo es para ti. No se trata de que te olvides de cubrir tus necesidades o nunca regalarte uno que otro placer. Se trata de comprar en forma consciente y de aprender a manejar ese deseo compulsivo de salir a comprar “algo”. Aquí te vamos a dejar algunos consejos, lo ideal es que vayas implementándolos de a poco y que no te castigues si fallas alguna vez.
1Primero se consciente de que la publicidad tiene un alto impacto en ti. Por mucho que practique la meditación, admito y soy consciente de que la imagen publicitaria de la mujer independiente y exitosa me afecta cada vez que la veo en los medios publicitarios. Durante todo el día hay millones de mensajes que me bombardean con ideas y conceptos. Todos indican lo mismo –si yo tengo el objeto X voy a SER MAS, seré reconocido, amado, mejor que el otro-. Está bien, no puedo luchar contra ello, no puedo excluirme de la sociedad actual. El remedio para esto es que aprendas a crear sensaciones en base a la actividad que realizas, y no buscar solo el gozo en tener cosas materiales. Vive el gozo en probar sensaciones nuevas, en desarrollar actividades nuevas, y concéntrate 100% en ello, vive en el ahora. Por ejemplo, en el día del niño, no es necesario comprar un nuevo juguete, puedes compartir un día entero de actividades diversas con tu hijo, como por ejemplo una excursión. Con ello no solamente enseñas a tu hijo a no ser consumista sino que también estrechas los lazos afectivos.
2Segundo se consiente de lo que compras, de donde proviene, si es reciclable, si es posible repararlo, o si solo está programado para una pronta obsolescencia. Con esto no solo te aseguras de comprar cosas de buena calidad sino que haces un aporte social al no consumir productos que tienen precio bajo gracias a la pobreza de otros. Como incentivo te recomiendo que prefieras los productos desarrollados en tu localidad, compra productos de calidad que premien el emprendimiento y la pequeña industria. Mientras mayor sea el desarrollo de los pequeños negocios la economía en general se ve más equilibrada.
3Identifica que sucesos detonan tu necesidad compulsiva de comprar. La mayor parte del tiempo sentimos un deseo compulsivo de comprar cuando tenemos una carencia, pero al hacer esto estamos encubriendo un problema que pronto volverá surgir. En mi caso, siempre siento deseos de comprar cuando tengo un mal día en el trabajo: voy y compro con el objetivo de sumar valor a mi persona. Ahora comprendo que este es solamente un comportamiento típico del ego y trato de tomarlo con calma, lo converso con alguien cercano, aunque mucho más efectivo, me resulta realizar alguna actividad física: nadar, hacer yoga o bailar. Por lo general luego de eso el deseo disminuye. Si ya has identificado las condiciones que detonan tu deseo de comprar entonces te recomiendo que crees alguna estrategia para evitar esas circunstancias. Una idea sencilla es grabar tu propio mantra. Por ejemplo, llevo en mi reproductor de audio, una frase que dice –“Tranquila (Colocas acá tu nombre), nada de lo que suceda puede dañar lo que tú eres, tu esencia infinita y perfecta del ser, todo lo que tú crees que te afecta es transitorio y así como llegó se ira. Tranquila y respira profundo”- estas sencillas palabras bastan para volver a mi estado normal.
La sociedad actual que somos, la sociedad que observamos en las calles llenas de polución, son el producto de ese constante sentimiento de insatisfacción que viven tantas personas. Si realmente deseamos construir una sociedad mejor podemos comenzar cambiando poco a poco nuestros hábitos de compra y así no solo viviremos mejor sino que también haremos un viaje espiritual en torno al conocimiento propio de quienes somos.

