
Muchas personas piensan que los alimentos procesados son mucho más sabrosos que los alimentos naturales. Incluso piensan que en este tipo de alimentos esta la verdadera “gracia” de comer y que la saciedad que producen estos es mucho mayor. Tomarse una Coca-Cola para algunos es mucho mejor que tomarse un vaso de agua. No sólo eso, piensan que alimentarse de forma sana es mucho más caro, en realidad esto es cierto, pero sólo para la persona que lo piensa así. Esto que parece tan evidente, no lo es en la práctica, ya que la mayoría piensa que el sabor de la Coca-Cola es más agradable que el agua como un valor absoluto. Nada más alejado de la realidad. Lo que sucede es que muchos se han acostumbrado al sabor de los alimentos artificiales, en detrimento de los alimentos naturales lo que lleva a que la gente acostumbre su paladar a ciertos sabores.
Mucha gente abusa tanto de los sabores artificiales, que lentamente van atrofiando la capacidad para disfrutar de los alimentos que verdaderamente nos ayudan a mantenernos lúcidos y saludables. Estas personas forman un hábito por los alimentos procesados tan fuerte, que ya no sienten placer por comidas naturales, al punto que las consideran como desabridas. Yo creo firmemente que esto tiene que ver más con un asunto de educación que una cosa de gusto simplemente. Por ejemplo, los alimentos ricos en azúcar, parecen efectivamente mucho más apetecibles que una manzana, pero esto no es así porque el sabor del azúcar sea en sí mismo, más agradable, sino que hemos educado nuestro paladar para percibir como más agradables esos sabores.
Siguiendo esta misma línea, las personas que acostumbran su cuerpo a sabores artificiales, exigen sensaciones similares a los alimentos naturales. Pero esto no es posible ya que equivale a pensar que un jugo de naranjas naturales, tendrá el mismo sabor que una bebida de fantasía sabor naranja. Como no pueden encontrar la misma intensidad de sabor, entonces pueden comenzar a crear un rechazo por la comida natural. Pensamos que es muy importante educar, sobre todo a los más pequeños a que sientan los verdaderos sabores de las comidas naturales ya que esto los llevará a distinguir un alimento de buena calidad de uno que no aporta nada bueno al organismo.
En mi caso particular, hace mucho tiempo dejé el azúcar y la sal. Al comienzo fue complicado, ya que muchas comidas no tenían el mismo sabor para mí. Pero con el tiempo, comencé a entender que esos eran los reales sabores de las comidas, y que efectivamente me entregan una mejor calidad de vida. No sólo entendí esto, sino que además pude disfrutar verdaderamente de estos sabores! Esto es muy importante ya que al principio tenía que “aguantarme” no comer un helado, por ejemplo. Hoy simplemente rechazo comerme un helado, porque lo encuentro desagradable. Esta es una diferencia muy notable.
Un primer paso para cambiar hábitos poco saludables que podamos tener es, primero, plantearnos un genuino deseo de cuidar nuestra salud, para que así podamos colocar como algo central, el respeto por nosotros mismos; y segundo, con nuestro ejemplo, dar a conocer los beneficios que podemos experimentar en nosotros mismos. Cuando comprendí esto, automáticamente pensé en porque la mayoría de los alimentos procesados son dañinos, y con una plena conciencia de eso, ya no es necesario “aguatarse” por comerlos. Esperamos que muchas personas vuelvan a sentir los reales sabores de los alimentos y puedan trasmitirles ese placer a los niños particularmente.
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