La cuidad de Nueva York pretende disminuir el consumo de sal

Supermercado-sal

Vía Flickr Galería de _ ♪ Claudio Lara ♫ _

Parece una tarea titánica, pero las autoridades de la ciudad de Nueva York en Estados Unidos, pretenden concientizar a la población sobre el excesivo consumo de sal, y la mejor  vía para cumplir este objetivo es apelando a la acción decidida de la industria alimentaria y de los restaurants que son las mayores fuentes de sal en los alimentos. La meta es reducir en un 25% el consumo de sal en los próximos 5 años.

Autoridades relacionadas con la salud, ya han advertido que las personas consumen demasiada sal, y que la reducción de consumo permitiría que disminuyeran los casos de hipertensión arterial, que es uno de los efectos más conocidos del consumo excesivo de sal. El doctor Thomas Farley, comisionado de salud de la ciudad, que lidera este esfuerzo, piensa que esta reducción de sal podría salvar muchas vidas. Es por eso que se ha puesto el foco en la comida procesada (alimentos envasados) y en restaurants, ya que desde estas fuentes proviene el 80% del consumo de este producto.

Por su parte, el Alcalde de Nueva York, Michael R. Bloomberg, quién siempre ha defendido un estilo de vida más saludable, realizó con anterioridad campañas similares, contra el consumo de tabaco, las grasas saturadas en la comida, la obesidad e incluso advirtió sobre el exceso de azúcar en las bebidas de fantasía.

Sin embargo, pese a las buenas intenciones del alcalde, existen muchos interese económicos involucrados, que pueden dificultar el éxito de esta iniciativa. Las principales aprensiones vienen desde la industria de los alimentos envasados. La sal juega numerosos roles dentro de la producción, como mejorar el sabor, y prevenir el deterioro de los productos una vez que salen al mercado, sin contar que siempre este tipo de decisiones sólo se profundizan si los consumidores aprueban estos cambios.

En vista de esta situación, es que esta propuesta sólo es de carácter voluntario, esperando que las empresas lo acojan de la mejor forma posible. Lo mismo sucedió en la cruzada contra las grasas saturadas. Sin embargo, en esa oportunidad las cosas no salieron según lo planeado. Cuando se descubrió el poco avance en la materia, se legislo para obligar a las empresas a cumplir con las metas propuestas.  En el caso de la sal, las cosas no son tan fáciles. Autoridades municipales, advirtieron que sería sumamente complejo legislar en este caso particular, ya que es muy difícil fiscalizar el cumplimiento de estas normas, dado la multitud de alimentos que contienen sal, sin contar la inmensa variedad de preparaciones que usan este producto. Además, no todos los alimentos que se producen en la ciudad, son fabricados en Nueva York, lo que complicaría a las empresas que despachan en todo el país, ya que no pueden tener una línea de producción distinta sólo para Nueva York. La solución parece entonces, confiar en que la población considere los efectos nocivos de la sal, y ejerza presión sobre las empresas productoras de alimentos. Estas a su vez, podrían encontrar una buena oportunidad para potenciar una buena imagen ante los consumidores. De hecho, muchas empresas de alimentos y locales ya se han comprometido a reducir los niveles de sal en sus distintos productos. La cadena de supermecados A&P ya ha dado el primer paso para ayudar en esta causa: "Creemos que esta medida tiene un metas y criterios muy realistas y que nuestros proveedores adherirse", dijo Douglas A. Palmer, vicepresidente de marcas de las tiendas en A & P.

El sistema propuesto por la ciudad es complejo, con reducciones de entre 10 y 40% para 61 clases de alimentos envasados y 25 clases de alimentos del restaurante, que se comenzarán a fiscalizar principalmente en los productos de mayor consumo. Por nuestra parte, no podemos estar menos de acuerdo con esta iniciativa, que debe funcionar desde una lógica del autocuidado de la salud y de la información, nunca de la imposición, ya que finalmente es responsabilidad individual, velar por una vida más sana y con mejor calidad de vida.

Fuente: NewYork Times

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